Mujer-madre busca tribu

Desde nuestras antiguas ancestras las mujeres hemos tenido siempre la necesidad de comunicarnos, reunirnos, compartir,…


A nivel científico ya está demostrado que las mujeres cuando nos juntamos segregamos oxitocina, la hormona del placer, haciéndonos sentir más relajadas, más contentas, comprendidas y apoyadas.

En las últimas décadas por nuestra forma de vida estamos creando una sociedad cada vez más individualista con un modelo de familia mononuclear y una tendencia hacia el aislamiento alejándonos del concepto de tribu.

En gran medida esta realidad perjudica mayoritariamente a las mujeres y su necesidad de comunicación y bienestar. Esto se ve agravado significativamente en el momento en el que las mujeres nos convertimos en madres.

El propio hecho de dejar de ser una para convertirte en dos y afrontar el súper cambio que esto implica en todos los aspectos de nuestra vida, nos hace sentirnos mucho más vulnerables y sensibles por lo que la necesidad de empatía, sostén, cuidado, amor, llena nuestro día a día.
En muchas ocasiones estas necesidades no sólo pueden ser cubiertas por la familia más directa o por la pareja, la cual muy probablemente se siente también desbordada emocionalmente.

Es entonces cuando reconocemos en la falta de tribu el vacío tan importante que se crea en la vida de la mujer -madre anhelante de ese subidón de oxitocina nacido del vínculo entre mujeres y de la profunda soledad que puede llenar su vida y la de su bebé aislados en una familia mononuclear.
Si observamos a nuestras ancestras o culturas que aún no han perdido su conexión con el origen, la llegada de un nuevo miembro al grupo, el maternaje y la crianza es compartida por toda la comunidad de mujeres.

Criaturas de todas las edades, madres y abuelas sostienen cada una desde su propia sabiduría a la mujer recién parida cubriendo así sus necesidades y las de su bebé.
De esta manera es casi imposible imaginar a una madre con depresión post parto o con ese sentimiento de soledad tan duro que vivimos las mujeres -madres en la realidad individualista de la actual sociedad.

Por el momento la posibilidad a la que podemos acogernos las mujeres que reconocemos que no solo nos basta el sostén de nuestras parejas y familias cercanas es ,en primer lugar vencer la barrera del miedo y la autoexigencia y pedir ayuda.

Encontrarnos con otras mujeres en situaciones parecidas, ,juntarnos en grupos de crianza y lactancia materna, buscar círculos empáticos con nuestra manera de criar, de ver el mundo y confiar en la intuición y sabiduría que late en el interior de cada una de nosotras.

Este gran viaje siempre pide ser comenzado desde el interior y es entonces donde nos encontramos con la gran aventura del encuentro con nosotras mismas.

 El gran cambio no va a depender del exterior, si no de nuestro coraje para escuchar la voz que late dentro.

A las que estamos en ello os deseo un buen y emocionante camino.


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